Tener la responsabilidad de cuidar a un familiar de avanzada edad requiere el cumplimiento de un conjunto de exigencias que generalmente causan un gran desgaste emocional, físico y psíquico.

En algunos casos las consecuencias de cumplir con esa responsabilidad son tan graves, que se habla del síndrome del cuidador. Y suele presentarse en aquellas personas que aparte de su jornada laboral, tienen a su cuidado a un familiar mayor que necesita de apoyo, dedicación y atenciones.

Lo que implica cuidar de otra persona

Cuidar de una persona mayor aunque no tenga ningún tipo de limitación, salvo las propias de la edad, hace la vida un poco más complicada a quien asume esa responsabilidad. Su rutina se hace más dura porque además debe salir a trabajar todos los días y poco tiempo le queda para sí mismo.

Las estadísticas dejan muy claro que los familiares cuidadores o cuidadores informales son en su gran mayoría mujeres, al punto de representar más de 90 % en países como España. Es un tipo de desigualdad que afecta a madres trabajadoras, lo que implica una sobrecarga de obligaciones insoportable.

Y sin duda que estas mujeres llevan una vida muy limitada, ya que están condenadas a cumplir obligaciones laborales y familiares, lo que tiene sus consecuencias en aspectos importantes como:

  • Estrés, cansancio y dificultades para dormir bien.
  • Muy poco tiempo para compartir con sus otros familiares.
  • Suelen presentar diferentes afecciones del estado de ánimo.
  • Falta de tiempo para actividades de expansión y el ocio.
  • Poco rendimiento en el trabajo, absentismo laboral o solicitud frecuente de permisos para ausentarse e incluso la necesidad de renunciar.

Son estos últimos aspectos los que generan mayores problemas en la sociedad en general, por el alto porcentaje de adultos mayores que necesitan cuidados especiales aunque se encuentren en buen estado de salud.

No solo significa la reducción de la jornada de trabajo o la posible renuncia con las graves consecuencias económicas que esto acarrea para un buen número de personas, sino que termina incidiendo en toda la economía del país y en la prestación de servicios básicos.

Por el alto número de cuidadores informales también puede asegurarse que también es un problema de salud pública, ya que estos son afectados en su integridad física, psíquica y emocional.

Una solución en manos de profesionales

No es deseable ni conveniente que el cuidado y las atenciones de un adulto mayor en condición de dependencia afecte la calidad de vida de sus familiares. Aun cuando sus familiares se esmeren en darles lo mejor de sí y lo que se merecen, hay maneras de afrontar esta situación y que todo el entorno familiar no vea perjudicado su bienestar.

Lo más viable y beneficioso en estos casos es contar con servicios de ayuda domiciliaria como SADA, con experiencia y trayectoria reconocida en este tipo de servicios desde 1995. Su gestión comienza desde el mismo momento en que se adapta la situación de ese adulto mayor a la Ley de Dependencia o de otra forma que se especifique.

De ninguna manera se trata de relegar a ese familiar ni de evadir responsabilidades propias. Es poner en manos de profesionales entrenados todo cuanto tiene que ver la atención, asistencia y cuidado de ese ser querido de avanzada edad. Y será mucho mejor optar por ese servicio profesional si ese adulto mayor padece de alguna condición especial, como en los casos de trastornos neurológicos.

Contar con el servicio de un cuidador o cuidadora profesional permite que no se ponga en riesgo el trabajo de ninguno de sus familiares, ya sea por exceso de permisos, por disminución del rendimiento en el cumplimiento de sus funciones o por verse obligados a renunciar a su fuente de ingresos.

Es una solución que evita conflictos familiares adicionales y resulta muy beneficiosa para el entorno familiar, en el ambiente del hogar y en la salud general de sus integrantes.

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Ventajas de un servicio especializado

Ya sea bajo la Ley de Dependencia o de carácter privado, las ventajas de un servicio especializado para el cuidado de ese familiar que requiere de atención y cuidado funciona siguiendo pasos muy específicos que abarcan todo el proceso.

La atención es personalizada, se analiza rigurosamente cada situación particular y se realiza el acuerdo para ofrecer servicios adicionales de mucha importancia, como la limpieza y el transporte, entre otros servicios.

El personal que se encarga de la atención y cuidado es seleccionado con criterios profesionales para el mejor desempeño de su trabajo. El servicio no tiene restricciones de horario ni de días si así se le solicita.

Los cuidadores tienen los suficientes conocimientos y la experiencia para afrontar y llevar en los mejores términos las más diversas situaciones que puedan presentarse, sin que en ningún momento los familiares tengan que alterar sus compromisos laborales y verse sometidos a estresantes compromisos.