La persona mayor dependiente, en la medida en que sus capacidades cognitivas y motoras se van deteriorando, necesita no solo de cuidados básicos y acompañamiento. Su situación, tarde o temprano, llega al punto en que sus necesidades deben ser atendidas de manera integral, a fin de garantizar tanto su vida como su bienestar.
Uno de los aspectos que demanda de mayor esfuerzo y cuidado cuando se está a cargo de una persona dependiente es el que tiene que ver con su alimentación. No todos los adultos mayores necesitan apoyo a la hora de comer. Muchos, solo necesitan una ligera asistencia, pero otros requieren de una intervención completa por parte del cuidador.
Los siguientes consejos son muy útiles para los familiares que tienen la responsabilidad de cuidar a alguien que no puede hacerlo por sí mismo en casa.
1.- Entender que la dependencia no es una enfermedad, es una condición
Comprender esto le dará al cuidador una visión diferente sobre la persona que está a su cargo. La dependencia tiene sus grados. En muchos casos, es absoluta y se necesita de asistencia profesional como la de una enfermera o acompañamiento en vehículos adaptados.
Lo que no se puede perder de vista es que la mayoría de las veces toca cuidar de alguien que consciente de lo que le rodea. Una actitud mala o condescendiente solo traerá hostilidad por parte del anciano.
- Siempre explicar qué es lo que se va a hacer, qué alimento se servirá, responder a las preguntas, hablar del sabor y de los beneficios nutricionales mantendrá el interés por la comida y estimulará el aspecto cognitivo.
- Mantener una actitud cercana y al mismo tiempo firme ofrece mucha seguridad.
- Asegurarse de cómo prefiere que lo llamen, si por su nombre de pila o algún trato más formal. Para un adulto mayor es muy valioso sentirse respetado en ese aspecto.
2.- Permitir que haga tanto como pueda, de forma segura, por sus propios medios
Muchos llegan a mayores llevando vidas independientes. Es muy difícil para cualquiera reconocer que en un momento determinado necesita ayuda. A veces, con la mejor de las intenciones, se invade la autonomía del anciano y esto suele ocasionar molestiad, malas reacciones y actitudes desafiantes hacia el cuidador. Así que, en función de su autonomía demostrable, se puede permitir lo siguiente:
- Si puede caminar, aunque sea con un andador, dejarle llegar hasta la mesa y tomar su lugar. No llevarle la comida a la habitación.
- Si está en silla de ruedas puede comer en su lugar de costumbre si mantiene el dominio de sus extremidades superiores. Solo hay que hacerle sitio o ajustar la altura de la mesa para que pueda acercarse fácilmente con su silla.
- Capacidad de alimentarse solo aunque esté en cama mientras sea posible. Permitir que use sus utensilios y coma por su cuenta, siempre bajo supervisión.
3.- Verificar la dieta con el médico y adaptarla
Hasta el adulto mayor saludable debe tener una dieta acorde a su edad y condición. Es importante consultar al médico acerca de una alimentación adecuada que supla todas sus necesidades nutricionales.
Esto incluye los horarios y frecuencia de las ingestas, el suministro de suplementos, administración de medicamentos, alergias, intolerancias y cualquier otro detalle que surja.
No se puede hacer caso omiso cuando rechazan ciertos alimentos o ingredientes. Más allá de un capricho, puede significar la aparición de una intolerancia que no existía antes.
4.- Establecer rutinas y horarios
Ofrecer los alimentos en los mismos horarios permite que ellos se regulen en cuanto a sus hábitos fisiológicos. Por otro lado, tener horas fijas evita que pasen demasiado tiempo sin comer, cosa que no les conviene en lo absoluto. En cuanto a los hábitos, estos ayudan a que se preserve la higiene, el orden y que la comida transcurra sin interrupciones.
- Suprimir o apagar elementos distractores como la televisión o la radio. Si hay personas que perturben la paz del anciano, es mejor pedir que se retiren un rato. El ambiente debe estar calmado para comer.
- Acondicionar el área con antelación. Preparar los utensilios y todo lo que se vaya a necesitar para evitar interrumpir la comida innecesariamente.
- Lavar las manos, tanto del comensal como del cuidador. Si no es posible, usar algún gel desinfectante.
5.- No perderle de vista
Para cualquiera es muy fácil ahogarse con cualquier alimento. Ya sea que come solo o con asistencia, es vital vigilar que trague todo adecuadamente. Después de comer, hay que asegurarse de que no queden restos de comida en su boca, mucho menos si después va a la cama.
Estas son algunas señales de alerta ante las que hay que intervenir de inmediato:
- Las venas del cuello o la cara de pronto se hacen muy visibles.
- Respiración lenta o entrecortada.
- El rostro se pone rojo y después azulado.
- Comida que sale por la nariz.
- Tos o goteo nasal.
- No se puede tragar lo que tiene en la boca.
Al igual que con un niño pequeño, es importante supervisar la hora de la comida de principio a fin para evitar asfixias accidentales.