Todo cuidador de personas mayores debe ser consciente de la complejidad de la vejez, ya que en muchos casos se mira con cierto estigma a esta etapa natural de la vida. Por esta razón, entender los cambios por los que atraviesa un anciano ayudará mucho a desarrollar empatía y entereza.

Qué cambios enfrentar una persona mayor

El proceso de envejecimiento tiene una evolución inevitable que se acelera con los años, esto produce cambios físicos, psicológicos y emocionales que se deben tomar en cuenta para asistir a las personas mayores en todas sus necesidades diarias.

Evidentemente, estos cambios están condicionados por la edad, las diferentes patologías que haya sufrido el anciano durante su vida, y el estilo de vida que lleve con el paso de los años. De hecho, la tercera edad es una etapa que, aunque haya rasgos característicos, cada persona la experimenta de manera distinta.

Cambios físicos

Una persona mayor experimenta un progresivo envejecimiento celular, esto quiere decir que, en algunos órganos, las células mueren y empiezan a aparecer ciertos problemas de funcionamiento. Las partes del cuerpo más afectadas son: los testículos, los ovarios, el hígado, el corazón y los riñones. Sin embargo, no todos los órganos pierden un gran número de células.

Por otra parte, los primeros signos de envejecimiento también se pueden ver en sistema musculoesquelético, haciendo que la persona tenga ciertas dificultades para realizar actividades físicas, desde caminar y trotar, hasta agacharse, saltar y moverse con rapidez. A esto se le debe prestar mucha importancia, pues las posibilidades de sufrir una lesión aumentan considerablemente.

Cambios psíquicos

Los aspectos cognitivos que más cambian en un anciano están relacionados a los procesos de la memoria, la coordinación y el análisis. En muchos casos, las personas mayores necesitan de un poco más de tiempo para reaccionar a diferentes estímulos, así los hayan experimentado frecuentemente durante su vida joven.

En la vejez, es normal olvidar las direcciones, los nombres de los amigos y la familia, e incluso usar ciertos objetos como los cubiertos. Además, actividades como la lectura pueden ser un poco más complicadas. No obstante, cabe aclarar que esto NO quiere decir que un anciano deba cohibirse de estas actividades, sino que es necesario entender que pueden costarle un poco más.

Cambios emocionales

Es común que muchas personas mayores tengan una idea inconsciente de luchar por seguir siendo joven, haciendo que se exijan demasiado a nivel físico y mental, e incluso creando una relación negativa con su aspecto. Además, factores como la soledad y la distancia con la familia pueden agravar esta situación.

La forma de relacionarse también cambia, pues algunos se vuelven muy retraídos y otros mucho más malhumorados. Esto se debe a que no se presta la atención adecuada a la socialización, haciendo que el anciano deje de hacer amigos o se cohíba de conocer alguna pareja a nivel romántico o sexual. De hecho, no existen contraindicaciones ni obstáculos para mantener una buena actividad sexual en la vejez.

Como enfrentar estos procesos

En primer lugar, es necesario abandonar el concepto de la vejez como una derrota física y existencial, ya que esta idea es la que ocasiona que muchos ancianos se vean a ellos mismos sin entusiasmo ni posibilidades. Una persona mayor puede tener un estilo de vida sano, entablar todo tipo de relaciones, e incluso experimentar cosas que nunca vivió en su vida.

Por eso, un cuidador debe transmitirle al anciano que la tercera edad es parte del desarrollo natural de la condición humana y que puede ser una etapa igual de enriquecedora, obviamente, tomando en consideración el estado general de su cuerpo, mente y emociones. Al principio será algo complicado, pero con buena comunicación y empatía se pueden lograr muy buenos resultados.

Cualidades de un cuidador empático

Trabajar como cuidador de personas mayores implica establecer una relación personal basada en la empatía y la confianza, donde la capacidad de escucha tiene un papel determinante.

  • Es fundamental no tener prisa con ellos, sobre todo, no dar la impresión de que se les juzga o presiona para que realicen ciertas actividades (ya sea ir al baño, caminar, hacer ejercicio).
  • Es bueno escuchar las historias de su vida, sus hábitos y aquellos secretos de su pasado que quizá no le cuentan a su familia. Esto afianzará el vínculo y los hará mucho más receptivos.
  • Hay que ser respetuoso con sus idea y creencias. Aunque el mundo ha cambiado y pueden ver las cosas de manera distinta, enfrentarlos y debatirles puede alterarlos y hacerlos sentir mal.
  • También es importante que el cuidador no se muestre solo como “una persona que le pagan por estar con él”. Lo mejor es demostrarle que puede depositar tranquilamente su confianza, que puede reír, hablar y llorar si así lo desea. Eso lo hará sentir querido y respetado.

Por último, es necesario resaltar que, al tratarse de un trabajo exigente desde el punto de vista físico y mental, el cuidador debe desarrollar mucha paciencia y control de sus propias emociones, así podrá desempeñar mejor esta labor tan noble y bondadosa.